El cristal Fe₃Sn₂ se asemeja a una rejilla con patrón, donde los átomos de hierro se ubican en las esquinas de hexágonos. En condiciones normales, sus flechas magnéticas están alineadas como soldados en formación. Pero basta con comprimir el cristal para que la formación se rompa.
Bajo una presión de unos 20 gigapascales (como si veinte elefantes se pararan sobre una uña), la red se reorganiza ligeramente. Las flechas magnéticas pierden su rigidez anterior: algunas se inclinan, formando un patrón intrincado. Este orden inclinado se mantiene incluso bajo una compresión fuerte, aunque antes se pensaba que desaparecería.
Los cálculos mostraron que la compresión intensifica la interacción que hace que las flechas se desvíen de la línea recta. Es como un resorte tenso que, al comprimirse, tiende a doblarse hacia un lado. Este comportamiento abre una vía para ajustar finamente las propiedades magnéticas de los materiales simplemente cambiando la presión, sin necesidad de calor ni química.
Una presión de 20 gigapascales equivale a la presión de veinte elefantes de pie sobre una sola uña.
En la ciencia ficción, los campos magnéticos suelen servir como escudos o motores; controlarlos mediante presión podría hacer estos dispositivos más compactos.