Un detective químico busca vida en otros planetas. Su herramienta es un espectrómetro de masas, que identifica moléculas por su peso (el mismo aparato que usan los criminólogos terrestres para analizar pruebas). Los científicos equiparon al detective para buscar 56 moléculas indicadoras: cadenas de carbono de aminoácidos (los ladrillos de las proteínas), bases nucleicas (las letras del ADN) y ácidos grasos (la base de las grasas).
La primera prueba fue la neblina de Titán. En su análogo de laboratorio se encontró por primera vez fenilalanina (un aminoácido clave para las proteínas) y muchos ácidos grasos, un indicio de que la química compleja es posible sin la intervención de la vida. En el yeso marciano del desierto de Qaidam, los aminoácidos se dividieron claramente en vivos y no vivos, como huellas dactilares. Los ácidos grasos, en cambio, se comportaron como agentes dobles: no revelaron el secreto.
Por lo tanto, la mejor pista son los aminoácidos. Ellos no mienten. Este detective viajará a Marte para leer el registro químico de otros mundos.
Titán es el único lugar del Sistema Solar, además de la Tierra, con una atmósfera densa y líquido en la superficie (lagos de metano), y su neblina de aerosoles se asemeja a un smog del que pueden surgir moléculas orgánicas.
En la novela 'Solaris', el océano del planeta crea por sí mismo estructuras complejas, de forma similar a como la atmósfera de Titán 'moldea' involuntariamente aminoácidos.