En 2017, el detector IceCube captó un neutrino de la galaxia lejana TXS 0506+056. Es como oír un timbre al otro lado del océano: la señal llegó de donde nacen las partículas más energéticas del universo. Junto con el neutrino, los astrónomos observaron un destello de rayos gamma y, dos o tres años después, ondas de radio. ¿Por qué se retrasó la radio? Una hipótesis: la región que produce las partículas se expande, se vuelve transparente a las ondas de radio, y solo entonces vemos su brillo.
Los autores del nuevo trabajo construyeron un modelo computacional de esa expansión y lo compararon con los datos del radiotelescopio RATAN-600. El escenario simple no funcionó: si la radio viniera de la misma región, la curva de luz se vería distinta. Entonces los científicos añadieron al modelo un nuevo detalle: la reemisión de energía más abajo en el chorro, cuando el material ya se ha dispersado. Tras esto, el modelo coincidió con las observaciones.
La conclusión es simple: la radio retardada no es un eco del nacimiento de neutrinos, sino un evento separado en la vida del jet. Es como si oyeras el trueno no del rayo que viste, sino de otro que estalló más tarde tras el horizonte.
El radiotelescopio RATAN-600 es un anillo de 895 paneles de aluminio con un diámetro de 576 metros. Ve el cielo girando con la Tierra y puede captar ondas de radio de objetos situados a miles de millones de años luz.
En la película «Interstellar», los protagonistas reciben mensajes a través de anomalías gravitacionales, pero el retraso de la señal debido a la expansión del espacio recuerda cómo la llamarada de radio de un blázar llega años después del evento.