Una epidemia no es solo un virus, sino también millones de decisiones personales. Una persona sigue viajando en metro, otra se encierra en casa. Los modelos clásicos describen el comportamiento promedio de la multitud, pero no preguntan por qué cada uno actúa así. El nuevo trabajo añade la teoría de juegos a la epidemiología: cada participante es un jugador que elige cuántos contactos permitirse, y lo hace teniendo en cuenta su propia protección y lo que ocurre a su alrededor.
La principal dificultad es la inmunidad invisible. Una persona puede conservar protección tras una enfermedad, pero con el tiempo esta se debilita. O desaparece de golpe, como una luz que se apaga, y la persona vuelve a ser vulnerable sin siquiera sospecharlo. En el modelo esto se tiene en cuenta: cada jugador conoce su nivel actual de protección si es visible, o actúa a ciegas si no lo es. Para calcular estos escenarios, los autores redujeron las ecuaciones complejas a un sistema que puede resolverse en un ordenador normal, y demostraron que el método funciona incluso con un horizonte de planificación incierto.
Este enfoque no es útil solo para epidemias. Se aplica a cualquier situación en la que las personas toman decisiones que afectan el riesgo colectivo: desde burbujas financieras hasta el tráfico. Cuando cada uno actúa de forma racional, pero a su manera, el panorama colectivo puede sorprender.
Si la inmunidad desaparece de forma instantánea e imperceptible, una persona puede creerse protegida cuando en realidad ya es vulnerable, como un conductor cuyos frenos fallan pero la luz del tablero no se enciende.
Este modelo recuerda a las tramas donde los protagonistas deben tomar decisiones durante una epidemia sin saber con certeza quién está infectado, como en la película 'Contagio' o en la serie 'The Walking Dead'.