En el telescopio se ve una galaxia que parece un gigantesco molinete luminoso. Su disco se extiende a lo largo de treinta mil años luz, un tercio del diámetro de nuestra Vía Láctea. Pero lo más sorprendente es que este molinete ya existía dos mil millones de años después del nacimiento del universo. Se pensaba que sistemas estelares tan grandes y ordenados debían tardar mucho más en formarse.
Los astrónomos apuntaron hacia ella dos potentes instrumentos a la vez: el telescopio espacial James Webb y el conjunto de radiotelescopios ALMA, en el desierto chileno. A partir de la emisión de carbono ionizado, midieron la velocidad a la que gira el gas en distintas partes del disco. Las regiones exteriores se mueven a quinientos treinta kilómetros por segundo, como si en un segundo el gas recorriera la distancia entre Madrid y Barcelona. Esa velocidad indica que la galaxia está cohesionada por una enorme nube de materia oscura invisible. Hay aproximadamente dos veces y media más materia oscura que materia ordinaria, es decir, estrellas y gas.
Antes se creía que estos gigantes crecían lentamente, durante miles de millones de años, atrayendo gas del espacio circundante. Pero ADF22.1 ya en su juventud alcanzó el tamaño y la velocidad de rotación de las galaxias espirales más masivas del universo actual. Esto significa que el mecanismo que impide el crecimiento de las galaxias, la expulsión de energía por el agujero negro supermasivo central, funcionó mal en esta galaxia. El gas siguió cayendo tranquilamente sobre el disco, y este creció a toda velocidad.
¿Qué será de este molinete? Al compararla con galaxias vecinas actuales, los astrónomos sugieren que, dentro de miles de millones de años, se convertirá en una galaxia elíptica, una especie de 'bola' estelar masiva sin brazos espirales. Quizás una de esas galaxias elípticas gigantes que vemos a nuestro alrededor sea una ADF22.1 ya madura.
La velocidad de rotación del gas en ADF22.1, 530 km/s, es más rápida que una bala de rifle (unos 800 m/s) y una vez y media más rápida que la velocidad del sonido en el aire.
La idea de que las galaxias gigantes pudieran formarse muy rápido recuerda a las tramas de ciencia ficción donde las civilizaciones encuentran mundos ya maduros en el universo temprano, como en la serie 'Stargate Universe', donde la nave 'Destiny' halla antiguas galaxias llenas de estrellas formadas.