Cuando se estira un trozo de metal, este cambia de forma y, a la vez, se vuelve más resistente. El secreto está en unos diminutos defectos de la red cristalina llamados dislocaciones. Son como arrugas en una alfombra: si mueves la arruga, la alfombra se desplaza más fácilmente que si tiras de toda la alfombra de una vez. Pero cuando hay muchas arrugas, empiezan a estorbarse y a atascarse.
Hasta ahora, estos procesos no se podían ver directamente porque ocurren en el interior del metal. Ahora, los investigadores han filmado en tres dimensiones cómo las dislocaciones se acumulan cerca de un obstáculo dentro de una muestra de aluminio puro de un milímetro durante la tracción. Resulta que las dislocaciones no solo se amontonan, sino que encuentran una escapatoria: trepan al plano de deslizamiento vecino y rodean el obstáculo. Es como un atasco en la carretera donde algunos coches se desvían de repente por el arcén y evitan la congestión.
Este comportamiento da lugar a un movimiento intermitente, a saltos: el metal no se deforma de manera continua, sino a tirones. Estos datos ayudarán a crear modelos más precisos del comportamiento de los materiales, algo importante para diseñar estructuras resistentes y fiables, desde fuselajes de aviones hasta piezas de maquinaria.
Las dislocaciones en un cristal se parecen a una cola en la tienda: si una persona avanza, toda la cola se mueve, aunque cada uno haya dado solo un pequeño paso. Así, una dislocación que recorre todo el cristal desplaza su parte superior respecto a la inferior en una sola capa atómica.