Dentro de cada célula hay diminutas centrales energéticas: las mitocondrias. Queman nutrientes y almacenan energía. En este proceso intervienen dos moléculas auxiliares: NADH y FAD. Antes se detectaban por su débil fluorescencia, pero era tenue y las señales de distintas moléculas se mezclaban.
El nuevo microscopio funciona de otra manera. Envía dos haces de luz a la célula y capta el diminuto calor que se genera cuando una molécula absorbe luz. Es como encontrar al tacto una moneda calentada por el sol en la hierba, aunque no brille. Este método es mil veces más sensible que el anterior y no confunde NADH con FAD.
Con el nuevo microscopio, los científicos han visto cómo la forma de las mitocondrias influye en su funcionamiento. También han seguido cómo cambian las mitocondrias de las células cancerosas durante la quimioterapia. Esto ayudará a ajustar mejor el tratamiento y a vigilar su efecto a nivel de un solo orgánulo.
Las mitocondrias son las únicas partes de la célula (además del núcleo) que tienen su propio ADN. Nos llegaron de antiguas bacterias que hace tiempo se instalaron dentro de nuestros ancestros.
En la serie «Star Trek», el tricorder médico escanea al paciente sin tocarlo: el nuevo microscopio hace algo parecido con células vivas, solo que en lugar de ondas sonoras usa luz y calor.