El modelo matricial lorentziano de tipo IIB es un candidato prometedor para una formulación no perturbativa de la teoría de supercuerdas. La distribución de valores propios de las matrices bosónicas A_μ (μ=0,…,9) de tamaño N×N genera un espacio-tiempo determinado dinámicamente en el límite de N grande. Se realizaron simulaciones numéricas mediante el método de la ecuación de Langevin compleja con matrices de hasta 128, lo que permitió superar el problema del signo. Para suprimir la deriva singular causada por el pfaffiano tras integrar las matrices fermiónicas, el modelo fue deformado de manera análoga a la deformación supersimétrica utilizada para definir el 'modelo polarizado de tipo IIB' en el caso euclídeo. Se descubrió una fase en la que surge un espacio-tiempo en expansión de (3+1) dimensiones con coordenadas suaves y reales.
Para entender cómo surgió el Universo a partir del Big Bang, los físicos recurren a la idea de expansión de Georges Lemaître, apoyada en las leyes de Hendrik Lorentz. Uno de los enfoques más audaces sustituye las partículas elementales por tablas numéricas gigantes, como si en lugar de las bolas de siempre en una ruleta se usaran cartas numeradas.
Por primera vez, la simulación numérica con tablas de 128×128 mostró cómo, en cierto momento, «surge» un espacio-tiempo en expansión suave y continuo, con tres dimensiones espaciales y una temporal: exactamente nuestro mundo. Es asombroso: nadie programó esos parámetros de antemano, todo surgió de las reglas del juego. Así, el nacimiento del Universo empieza a parecerse a la combinación más afortunada en un casino cósmico.
🎯 Una tabla de 128×128 son 16 384 números. Su interacción cruzada se asemeja a una gigantesca partida de ruleta cósmica, donde la apuesta es la estructura de nuestro mundo.
🎬 Recuerda a «Matrix»: la realidad como un patrón numérico. Pero en esta versión, el código no brilla en verde en la pantalla, sino que vive en tablas que recalculan constantemente las probabilidades.