Si esparces semillas al azar, los brotes se enredan en un caos. Pero si las colocas en hileras uniformes, el campo crece de manera ordenada. Un principio similar funciona con las bacterias. Las colonias de células alargadas suelen bullir en flujos desordenados, pero los científicos han encontrado la manera de imponerles orden desde el principio.
Las esporas de la bacteria Bacillus subtilis se dispusieron sobre una superficie mediante ensamblaje capilar, un método que permite colocar cada espora en el punto deseado y con la orientación deseada. Cuando las esporas germinaron y crecieron formando cadenas de células, resultó que si las orientaciones iniciales eran paralelas, la película resultaba ordenada a lo largo de milímetros. Pero si las esporas estaban desordenadas, surgía el caos.
Y luego viene lo más interesante. La película ordenada, al seguir creciendo, se doblaba sincrónicamente, como una sola lámina. Los científicos describieron este comportamiento con un modelo basado en las propiedades mecánicas de los filamentos individuales. Luego usaron el orden para crear películas con anisotropía óptica local, es decir, regiones que refractan la luz de manera diferente. Tales materiales podrían servir para pantallas vivas o sensores.
Así, las condiciones iniciales —cómo se disponen las esporas— determinan el destino de toda la colonia. Esto no es solo una nueva herramienta para biólogos, sino un paso hacia materiales vivos programables.
Las esporas de Bacillus subtilis pueden soportar la ebullición y permanecer viables durante décadas, y en condiciones favorables germinan en cuestión de minutos.
La idea de cultivar estructuras ordenadas a partir de microorganismos recuerda a las tecnologías 'vivas' de la novela 'Dune', donde las truchas de arena forman material siguiendo un patrón predeterminado.