Una persona escucha un zumbido que no existe. El médico le pide que lo describa: volumen, tono, constancia. Pero esto es subjetivo: uno dirá "como un mosquito", otro "como el vapor de una tetera". Se necesita una forma de ver el tinnitus directamente, en el propio cerebro.
El electroencefalograma (EEG) registra las ondas eléctricas del cerebro desde el cuero cabelludo, de forma rápida e indolora, como un micrófono que capta el sonido. Los científicos tomaron registros en reposo de personas con y sin tinnitus de dos laboratorios diferentes. En lugar de buscar picos aislados, descompusieron las ondas en sus componentes, como un músico desglosa un acorde en notas. Resultó que en las personas con tinnitus, ciertas oscilaciones se desvanecen más lentamente. Es como si una cuerda, después de ser pulsada, siguiera sonando más tiempo de lo normal.
El marcador más fiable no es la frecuencia de las oscilaciones, sino la velocidad a la que se desvanecen. La frecuencia varía de un paciente a otro, pero la desaceleración en el desvanecimiento se repite de persona a persona. Es como si en todos los coches con un amortiguador defectuoso, la carrocería se balanceara durante más tiempo, aunque la velocidad de conducción sea diferente.
Este marcador podría utilizarse en la clínica: registrar un EEG, calcular el desvanecimiento y determinar si hay tinnitus. Aún es un resultado preliminar, pero demuestra que el cerebro delata su propio secreto; solo hay que saber leerlo correctamente.
La palabra "tinnitus" proviene del latín tinnire, que significa "sonar como una campana". Los romanos usaban la misma raíz para describir el tintineo de las monedas.
En la película "El detector de sueños" (Primer), el protagonista escucha un zumbido constante en los oídos después de un viaje en el tiempo casero; quizás su cerebro también empezó a desvanecerse más lentamente.