Una partícula de oro del tamaño de un centenar de átomos recibe un rayo de luz y se sobrecalienta. En la vida cotidiana esto no es un problema, pero en el mundo de la nanotecnología, este diminuto calentamiento puede estropear un biosensor o quemar un microchip. No se puede poner un ventilador aquí: a estas escalas, el calor queda atrapado como en un grueso abrigo de plumas.
La solución la aporta una fina película casi invisible de nitruro de boro hexagonal, un material similar al grafito, pero transparente y refractario. En los experimentos, las nanoesferas de oro se colocaron sobre escamas de esta sustancia, luego se calentaron con luz y se controló la temperatura mediante microscopía de ondas, un método que detecta los más mínimos cambios en la refracción de los rayos. Resultó que el nitruro de boro funciona como una esponja térmica: absorbe el calor de la partícula y lo extiende por su superficie, evitando que el punto se sobrecaliente.
Curiosamente, el calor se disipa por dos vías: directamente de la partícula a la escama y por una ruta indirecta a través del agua circundante. Juntos, estos canales reducen el calentamiento hasta en un 60 por ciento en comparación con el vidrio común. Este enfoque no requiere equipos complejos y es adecuado para probar rápidamente nuevos materiales bidimensionales.
El nitruro de boro hexagonal a veces se llama "grafeno blanco" por su estructura laminar similar, pero a diferencia del grafeno, no conduce electricidad, aunque sí conduce muy bien el calor.