El espacio-tiempo tiembla como la superficie de un lago bajo la llovizna, a causa de las partículas cuánticas. Este trabajo estudia ese temblor y sus consecuencias. Resulta que los datos de la sonda LISA Pathfinder ya restringen la fuerza de estas oscilaciones. ¿Qué más se oculta en estas ondas?
En un modelo, el espacio-tiempo es un lago tranquilo, y las partículas cuánticas son peces nadando en él. Su movimiento inevitablemente crea ondas. Las matemáticas exigen que el agua tiemble; de lo contrario, la teoría se desmorona. Este temblor está estrictamente ordenado y tiene dos tipos. Una onda se parece a las ondas gravitacionales, la otra a ondas de compresión. Ambas se propagan como tinta en el agua. Los científicos calcularon la fuerza del temblor y la compararon con los datos de la sonda LISA Pathfinder, que detecta fuerzas mil millones de veces menores que el peso de un grano de arena. El misterioso ruido captado por el instrumento encaja exactamente con los cálculos. Además, las ondas gravitacionales de fondo en un universo en expansión limitan el temblor: si fuera más fuerte, ya habríamos notado ondas extra. Al parecer, el tejido de la realidad está constantemente vibrando debido a las partículas cuánticas, y los futuros detectores oirán su respiración.
🎯 LISA Pathfinder era tan sensible que podía medir una fuerza comparable al peso de una bacteria en la Tierra. El misterioso ruido excesivo que detectó podría ser el primer indicio del temblor cuántico del espacio-tiempo.