Suena una melodía y el cerebro no se limita a escuchar nota tras nota. Actúa como un director de orquesta que ya conoce la partitura: cada nota siguiente es esperada porque las anteriores aún resuenan en la memoria. Pero, ¿cómo mantienen las neuronas ese eco? En un nuevo artículo se propone un modelo de red neuronal de impulsos llamado PCL+, una red donde las señales se transmiten en ráfagas cortas, como en el cerebro real. Aprende sin maestro, simplemente observando secuencias.
El secreto está en las conexiones con retardos. Un corredor pasa el testigo: debe llegar a su compañero justo en el momento en que este está listo para recibirlo. Aquí ocurre igual: las neuronas fortalecen sus conexiones para que la señal del evento pasado llegue justo a tiempo para predecir el futuro. Es como un eco en las montañas: el grito regresa con retardo y se superpone al nuevo sonido, creando una sensación de continuidad.
Lo más interesante es que la red aprendió a 'completar' lo que faltaba. En una tarea con gestos, donde parte de los movimientos de la mano estaban ocultos, PCL+ los adivinaba mejor que los modelos sin memoria. El cerebro hace lo mismo: cuando vemos a alguien que se prepara para lanzar, sabemos que habrá un lanzamiento, incluso si nos giramos por un instante.
Algunas neuronas del cerebro envían señales con un retardo de hasta 100 milisegundos, aproximadamente el tiempo que necesita una mosca para esquivar un matamoscas.
En la novela 'Fundación' de Asimov, un científico predice el futuro de la civilización con matemáticas; aquí, la red neuronal aprende a hacer lo mismo a nivel de gestos y sonidos.