El metano es un potente gas de efecto invernadero. Encontrar sus fugas desde el espacio es como buscar pequeñas columnas de humo invisibles sobre un campo. Los científicos entrenaron un programa para ver esas nubecillas en las imágenes. Encuentra casi todas las fugas, incluso con pocos datos de entrenamiento. Es como adiestrar a un sabueso con unos pocos olores. ¿Cuándo empezarán los satélites a vigilar la limpieza de la atmósfera las 24 horas?
El satélite MethaneSAT busca fugas de metano, un gas invisible pero que calienta mucho el planeta. Su «olfato» es un espectrómetro, un instrumento que detecta el más mínimo cambio en el color de la luz al atravesar la atmósfera. Esa es la huella que deja el metano.
Pero no basta con captar el olor: hay que distinguirlo entre miles. Antes las imágenes las analizaban personas; ahora el programa está entrenado como un sabueso: primero atrapa todo lo sospechoso, como un perro que sigue cualquier rastro, y luego un «guía» —un segundo algoritmo— confirma la presa. Lo más sorprendente: cuando el sabueso «ladra» a un lugar vacío, a menudo resulta ser una fuga real que los expertos pasaron por alto por exceso de precaución.
Esta cacería permite reparar rápidamente tuberías y vertederos, reduciendo las emisiones de metano, que en los primeros 20 años calienta 80 veces más que el dióxido de carbono.
🎯 El metano retiene 80 veces más calor que el dióxido de carbono en 20 años.
🎬 Algún día, estos sabuesos orbitales olfatearán las atmósferas de exoplanetas en busca de vida.