Si se acelera una de cuatro partículas entrelazadas hasta una velocidad enorme, su entrelazamiento cuántico no simplemente se desvanece: primero se debilita y luego se fortalece de nuevo. Este giro inesperado lo descubrieron físicos al estudiar el comportamiento de un estado especial llamado estado de Dicke en un mundo donde rigen las leyes de la relatividad.
El entrelazamiento cuántico es como un hilo invisible que une partículas de modo que medir una afecta instantáneamente a la otra, incluso si están muy lejos. Normalmente se piensa que la aceleración, similar a la que experimenta un observador en un cohete, rompe ese hilo debido al efecto Unruh: un observador acelerado ve radiación caliente a su alrededor incluso en el vacío. Esa radiación parece calentar y aflojar los vínculos cuánticos. Pero en el nuevo trabajo se descubrió que, para cuatro partículas en el estado de Dicke, el hilo no solo resiste el calor, sino que con una aceleración fuerte se vuelve incluso más resistente.
El estado de Dicke es un tipo especial de vínculo cuántico donde todas las partículas son iguales y comparten la excitación, como cuatro músicos que tocan una misma nota al unísono. Cuando uno de ellos comienza a moverse con aceleración, la armonía primero se desajusta, pero luego, con una aceleración aún mayor, el conjunto se reorganiza y suena más afinado. Este descubrimiento cambia la visión de cómo se comportan los sistemas cuánticos en condiciones extremas, por ejemplo, cerca de agujeros negros o en satélites de movimiento rápido.
Ese doble carácter —primero debilitamiento, luego fortalecimiento— muestra que el entrelazamiento cuántico en sistemas multicomponentes es mucho más complejo de lo que se pensaba. En lugar de ser simplemente víctima de la aceleración, puede usarla como herramienta para reorganizar los vínculos. Esto abre el camino a crear redes cuánticas más fiables que puedan funcionar incluso en el espacio, donde las partículas están inevitablemente sometidas a aceleración y gravedad.
El efecto Unruh es como si, en un mar en calma, aceleraras de repente en una lancha y sintieras que el agua empieza a hervir a tu alrededor, aunque en realidad el mar sigue igual.
En la novela «Contacto» de Carl Sagan, los extraterrestres usan el entrelazamiento cuántico para comunicarse al instante a través de todo el universo, sin importar aceleraciones ni gravedad.