Imagina un diminuto imán levitando en el vacío: los científicos han encontrado una manera de hacerlo girar para que todos los átomos en su interior empiecen a 'sentirse' unos a otros como un todo único, formando una brújula cuántica gigante, lo que abrirá camino a mediciones ultraprecisas y a poner a prueba las leyes de la naturaleza. ¿Podría un objeto así difuminar la frontera entre el mundo cotidiano y el cuántico?
Un imán ordinario se parece a una brújula: la aguja apunta al norte. Pero una brújula cuántica puede mirar en ambas direcciones a la vez. Si un imán que flota en el vacío se hace girar con cuidado, sus 'trompos' electrónicos se sincronizan de tal modo que todo el trozo de metal empieza a vivir bajo las leyes del micromundo: se congela en una superposición, como un indicador dividido.
Esto regala una precisión asombrosa: cuanto más grande es el imán, más sensible es a campos débiles, por ejemplo, al campo magnético de una sola célula viva. Pero este frágil desdoblamiento se puede romper fácilmente — la decoherencia causada por los choques con moléculas de gas —, por lo que se necesita un vacío mil millones de veces más estricto que el cósmico. La idea fue propuesta por Michael Horne, Anton Zeilinger y Daniel Greenberger. El experimento también pondrá a prueba hipótesis más allá del modelo estándar de la física: quizá las maravillas cuánticas desaparecen debido a la curvatura del espacio-tiempo, como sugirió Roger Penrose.
🎯 Para mantener la superposición cuántica de un imán real se necesitaría un vacío mil millones de veces inferior a la presión atmosférica, más severo que el del espacio interestelar.
🎬 Como si fuera el gato de Schrödinger en forma de imán: un símbolo fantástico de la dualidad cuántica, dispuesto a saltar del pensamiento a la realidad.