El universo temprano experimentó una expansión vertiginosa: la inflación. En fracciones diminutas de segundo, las pequeñas fluctuaciones cuánticas se estiraron hasta alcanzar el tamaño de galaxias y se convirtieron en los gérmenes de toda la estructura a gran escala. Pero los físicos llevaban tiempo preocupados: ¿estropearían este panorama los efectos provenientes de las distancias más pequeñas, el llamado sector de renormalización?
Los autores del trabajo han demostrado que la propia inflación resuelve el problema. Mientras las perturbaciones que han cruzado el horizonte (la distancia que ha podido recorrer la luz) se congelan, todas las correcciones controvertidas se debilitan rápidamente. Es como un director que apaga el ruido superfluo de la orquesta y deja solo la melodía limpia.
El resultado es alentador: el espectro observado de inhomogeneidades primordiales es casi insensible a las "imprecisiones de renormalización". Las predicciones estándar de la inflación, en las escalas que podemos observar, resultan ser asombrosamente sólidas. El cosmos se ha encargado de que su plano maestro no dependa de detalles imperceptibles.
La inflación estiró el espacio más rápido que la velocidad de la luz, pero esto no contradice la teoría de la relatividad porque lo que se movía era el propio espacio, no los objetos en él.