El corazón no late como un metrónomo: su ritmo baila al compás de la hora del día. Cada uno de nosotros tiene su momento en que el pulso alcanza su punto más alto. Ese pico es como la manecilla del reloj interno, y varía de una persona a otra.
Pero, ¿qué mueve esa manecilla? Los investigadores dieron a los participantes relojes inteligentes y los siguieron durante casi un mes. Dividieron la vida en dos partes: los hábitos (cuándo te levantas, comes y te mueves normalmente) y las casualidades (dormir de más, saltarse la comida). Resultó que los hábitos explican el 86% de las diferencias en el pico del ritmo entre personas. Las casualidades, menos del dos por ciento.
Lo principal no fue qué haces exactamente, sino cuándo lo haces. El momento de dormir, comer y moverse es el director del ritmo cardíaco. Cambiarlo con esfuerzos puntuales es casi inútil. Solo funciona una rutina constante.
La manecilla del reloj interno obedece no a días sueltos, sino a todo el estilo de vida. Para desplazar el pico del ritmo cardíaco, no basta con cambiar la mañana del lunes; hay que transformar el hábito de despertarse.
En el estudio participaron 105 personas que llevaron relojes inteligentes durante un promedio de 19 días cada una: casi tres semanas de observación continua del corazón, el sueño y la alimentación.