La duración durante la cual un qubit conserva su estado cuántico antes de la decoherencia, una medida clave de rendimiento.El tiempo de vida del qubit, a menudo llamado T1, es el tiempo promedio que un bit cuántico (qubit) conserva su estado excitado antes de relajarse al estado fundamental debido a la pérdida de energía. Es una medida fundamental de la calidad de un qubit: tiempos de vida más largos significan más tiempo para realizar operaciones cuánticas antes de que se acumulen errores. En la computación cuántica, los qubits son frágiles; interactúan con su entorno, causando decoherencia. T1 captura específicamente la relajación de energía, mientras que otra escala de tiempo, T2, captura la decoherencia de fase. Juntos, definen la ventana práctica para la computación cuántica.
El concepto de tiempo de relajación en sistemas cuánticos se remonta a los primeros estudios de resonancia magnética nuclear (RMN) en la década de 1940, donde T1 fue introducido por Felix Bloch. Más tarde se adaptó a los qubits en la década de 1990, a medida que se desarrollaba la computación cuántica.
Un qubit es un sistema cuántico de dos niveles, como un átomo o un circuito superconductor. Cuando se excita, almacena energía. Con el tiempo, las interacciones con el entorno — como fluctuaciones térmicas, ruido electromagnético o defectos en los materiales — hacen que el qubit emita espontáneamente un fotón o fonón y caiga al estado fundamental. El tiempo de vida T1 es la constante de decaimiento exponencial de este proceso. Mejorar T1 implica aislar el qubit de su entorno, enfriarlo a temperaturas de milikelvin y diseñar materiales con menos canales de pérdida.
El tiempo de vida del qubit es una métrica clave en el desarrollo de procesadores cuánticos, especialmente en los qubits superconductores utilizados por IBM, Google y otros. Tiempos de T1 más largos permiten algoritmos cuánticos más complejos y corrección de errores.
Los qubits superconductores modernos tienen tiempos de T1 de cientos de microsegundos, lo que es aproximadamente mil millones de veces más largo que el tiempo necesario para realizar una sola operación de puerta cuántica.






















