Los electrones son como autos con pintura magnética. En un imán común todos son de un mismo color; en un antiferromagneto los colores están equilibrados, sin magnetismo externo. El altermagneto asigna un carril distinto para cada color. Pon un filtro para un solo color y el flujo se vuelve monocromático.
Con la ayuda de modelado computacional, los científicos encontraron un método químico de transformación. Tomaron una monocapa de seleniuro de hierro —material conocido por su superconductividad a –173 °C— y unieron átomos de hidrógeno a un lado. La simetría se rompió, el orden magnético adoptó una forma ondulada y los electrones de diferente espín se separaron gracias a la naturaleza ondulatoria.
Apilaron dos de estas capas en una unión túnel. Cuando las configuraciones magnéticas de las capas coinciden, la corriente fluye; cuando son opuestas, la resistencia se dispara casi 20 veces. Un interruptor sin campos parásitos: un bloque de construcción para memorias ultrarrápidas y ultradensas. Sorprendentemente, el mismo material —poseedor del récord de superconductividad— ahora también funciona como altermagneto.
A –173 °C este compuesto ya conduce corriente sin pérdidas (superconductividad). Ahora también cambia estados magnéticos: dos dones exóticos en una sola capa.