Una manada de lobos pasa en un segundo de perseguir a la presa a defender la guarida. Esa misma versatilidad han incorporado los ingenieros al algoritmo para el enjambre robótico. La clave está en un método propuesto por John von Neumann: los robots no persiguen al objetivo, sino que calculan sus futuros movimientos y bloquean las vías de escape, como batidores que cierran senderos. Paradójicamente, para atrapar al objetivo a menudo se ralentizan, lo que reduce la imprevisibilidad y hace la persecución inevitable.
Un guardián interno —un sencillo mecanismo— vigila que en el fragor de la caza nadie colisione. Cambiando unos parámetros numéricos, el enjambre fluye suavemente de la caza a una defensa impenetrable. No hace falta reprogramar: la manada se transforma sobre la marcha.
Dato sorprendente: esos mismos principios ya analizan el movimiento de multitudes; predicen aglomeraciones en estadios y abren salidas de emergencia con antelación.
Un enfoque similar se usa en los sistemas de conducción autónoma: los coches en un cruce 'negocian' quién pasa primero prediciendo las acciones de los demás.
En la serie 'Stargate SG-1', los replicadores forman un enjambre que se reconfigura al instante del ataque a la defensa, como una encarnación de este algoritmo.