Una flota de muchas naves, como una galaxia de estrellas, cumple una misión común. A veces una nave explota, como una supernova. Si no se reemplaza a tiempo, la flota se debilita. Pero el problema es que no vemos qué nave fallará después: las fallas son invisibles, como la materia oscura. Su acumulación lleva al desorden, la entropía. Es crucial anticiparse al caos.
El método habitual — el modelo estándar de reparación programada — no tiene en cuenta los imprevistos. Un nuevo algoritmo hace que cada nave calcule los pasos de sus vecinas y elija por sí misma el momento de repararse. La flota funciona sin capitán: la solución surge de la interacción. Las pruebas mostraron que para una escuadra de 70 naves, los costes son un cuarto más bajos que con los enfoques antiguos.
En los grandes centros de datos, los fallos de servidores son habituales. Cada día se averían cientos de discos duros, pero gracias a la redundancia no notamos los fallos.
En la serie 'Star Trek', las naves de la Federación podían reparar los escudos automáticamente. Este trabajo acerca los servidores comunes a esa autorreparación.