En la base del sistema hay un riel por el que se desplazan las antenas-pinza, cada una emite una señal de radio. El smartphone las recibe y, conociendo la velocidad de la luz, calcula la distancia a la antena por el retardo. El principio es similar a la navegación espacial por púlsares, radiofaros naturales con un ritmo muy estable.
Lo sorprendente es que el teléfono inicialmente no conoce las posiciones de las antenas en el riel. El problema se asemeja a una ecuación donde la incógnita aparece tanto en la base como en el exponente. Al analizar varios pulsos, el dispositivo determina simultáneamente tanto sus propias coordenadas como la ubicación de los transmisores. Se logra una precisión centimétrica; un error de una milmillonésima de segundo resultaría en un desvío de 30 cm. Este nivel de precisión emparenta el método con la fotometría — la medición de las más pequeñas fluctuaciones de luz de estrellas lejanas.
La tecnología es indispensable en almacenes, aeropuertos y centros comerciales — dondequiera que la señal GPS sea débil. Basta con instalar una guía y los dispositivos determinarán por sí mismos la ruta con precisión centimétrica.
La señal de la antena al smartphone viaja a la velocidad de la luz. Un error de una milmillonésima de segundo produce una desviación de casi 30 centímetros, justo en el límite de precisión de este sistema.
La tecnología recuerda a los tricorders de 'Star Trek', dispositivos que siempre determinaban con precisión la ubicación de los miembros de la tripulación.