Reconstruir una imagen completa a partir de fragmentos es como distinguir la melodía de una orquesta en una sala ruidosa. Este tipo de tareas se presentan en la fotometría, donde a partir de un tenue centelleo se recupera el brillo de una estrella. Los métodos tradicionales requieren información precisa sobre el ruido, que casi nunca se conoce.
El nuevo algoritmo refina por sí mismo su modelo de datos: como un músico que afina su instrumento sobre la marcha, reduce paso a paso la incertidumbre.
Incluso con ajustes iniciales toscos, el algoritmo logra un resultado casi perfecto. Este enfoque es un paso hacia sistemas totalmente autónomos. Sorprendentemente, los científicos obtuvieron la imagen de un agujero negro siguiendo un principio similar: los algoritmos combinaron las señales fragmentarias de telescopios repartidos por todo el mundo y revelaron por sí mismos la imagen oculta.
El cerebro humano también afina constantemente su modelo interno del mundo a partir de fragmentos de información; por ejemplo, reconoce una cara conocida incluso con poca luz, completando los detalles.