El radar, como un murciélago en una cueva, envía un pulso y escucha el eco. Pero en el receptor es inevitable un desajuste microscópico: confunde las frecuencias y genera un doble fantasma para cada objetivo, como un segundo eco ligeramente distorsionado.
Normalmente estos fantasmas molestan y se eliminan de antemano. En el nuevo trabajo, el eco fantasma se convierte en un aliado. Cada objetivo real y su doble están estrechamente vinculados, como una figura y su sombra. Los científicos construyeron un algoritmo que, para cualquier punto del espacio, prueba todos los pares posibles 'objetivo-fantasma', comparándolos mediante un patrón matemático especial. Esto permite detectar objetos débiles con mayor precisión, incluso cuando las distorsiones en el receptor son grandes.
El método se probó en simulaciones. Sorprendentemente, cuanto más notorio es el defecto del hardware, más fiable funciona el algoritmo, pues los fantasmas se vuelven más brillantes. Este enfoque es un paso hacia sistemas que transmiten datos y escanean el entorno simultáneamente (ISAC). En espíritu, recuerda a la búsqueda de materia oscura por su influencia invisible, o a la extracción de ondas gravitacionales del ruido. En la base está la espectroscopía de señales: la descomposición en frecuencias, sin la cual el radar quedaría ciego.
Los sistemas ISAC permiten que un solo dispositivo transmita datos y escanee el espacio al mismo tiempo, como si tu router Wi-Fi pudiera ver a través de las paredes.
Estos radares nos acercan a las tecnologías de 'Star Trek', donde las naves se detectan mutuamente al instante a enormes distancias, a pesar de cualquier interferencia.