La gravedad es una fuerza asombrosamente débil. Un pequeño imán sostiene un clip desafiando la atracción de todo un planeta. Los físicos han buscado durante mucho tiempo la causa de esta debilidad, y una de las conjeturas nos lleva a dimensiones ocultas. Quizás la gravedad se 'extiende' por ellas, perdiendo fuerza en nuestro mundo tridimensional.
En el universo temprano, estas dimensiones extra podrían haber sido diminutas, pero luego se inflaron hasta alcanzar tamaños de alrededor de una micra, como el grosor de una bacteria. Este escenario conecta dos enigmas: la debilidad de la gravedad y la inmensidad del cosmos observable. El problema es que esta hermosa imagen solo funciona para una o dos dimensiones adicionales.
Ahora, los autores imponen una nueva restricción: la hipótesis de la 'censura transplanckiana' (la prohibición de observar fluctuaciones cuánticas nacidas en una época en que la energía superaba la escala de Planck). Actúa como un editor estricto que tacha la mayoría de las opciones. Resulta que los parámetros permitidos del modelo se comprimen en un corredor muy estrecho. Las dimensiones extra, si existen, deben ser precisamente de tamaño micrométrico y obedecer reglas estrictas.
Así, la hipótesis de la censura no rechaza la idea de mundos ocultos, pero les exige una modestia extrema: permanecen escondidos en el micromundo, sin violar las leyes observables de la cosmología.
Si las dimensiones extra tienen un tamaño de alrededor de una micra, entonces a distancias menores de una micra la gravedad debería intensificarse bruscamente; este efecto se intenta verificar en experimentos de laboratorio con mediciones de alta precisión de la fuerza gravitatoria.
La idea de dimensiones ocultas se explora en la novela de Isaac Asimov 'Los propios dioses', donde el contacto con un universo paralelo ocurre mediante un intercambio de materia.