El mundo cuántico está lleno de conexiones extrañas. Dos partículas pueden estar "enredadas": el estado de una influye al instante en la otra, aunque las separen kilómetros. Pero, ¿cómo saber si están realmente enredadas? Es como un ovillo de hilo: a primera vista no se distingue si es una madeja única o solo hebras enredadas.
Antes, la verificación exigía cálculos enormes: revisar todas las posibilidades solo era viable para sistemas diminutos. John von Neumann sentó en su momento las bases de la mecánica cuántica, y el nuevo trabajo propone un algoritmo que resuelve el problema rápidamente, en tiempo polinómico. La condición es simple: si hay entrelazamiento, el algoritmo dice "sí"; si casi no lo hay (las partículas están lejos de estar entrelazadas por una cantidad η), dice "no". Los casos intermedios quedan fuera, pero en la práctica esto es suficiente.
Es un paso hacia que las computadoras cuánticas sean más fiables. En ellas, el entrelazamiento es como el combustible: sin él, la máquina no despega. Un diagnóstico rápido permitirá verificar la calidad de los cúbits durante los cálculos, sin frenar el trabajo. Así, el ovillo de hilo deja de ser un misterio: una prueba rápida y ya se ve si tenemos una madeja o un caos.
El término "entrelazamiento" (Verschränkung) fue introducido por Erwin Schrödinger en 1935, y el propio fenómeno fue llamado por Einstein "acción fantasmagórica a distancia".
En la novela "El ladrón cuántico" de Hannu Rajaniemi, el entrelazamiento se usa para comunicación instantánea y para hackear la mente.