El primer instante de existencia del universo se asemeja a una cuerda tensa que recibe un golpe repentino. Vibró, y esas oscilaciones quedaron congeladas en forma de galaxias y vacíos. Pero los físicos sospechan que hubo otras vibraciones: rápidas, locales, casi como un redoble de tambor sobre una melodía lenta.
Se trata de los oscilones, cúmulos de energía que pudieron aparecer durante la inflación (la rápida expansión del universo). Son como burbujas en agua hirviendo: surgen, viven un tiempo y colapsan. Los autores del nuevo trabajo estudiaron cómo nacen estas burbujas en una variante del potencial inflacionario (la descripción matemática del campo que impulsó la expansión). Mediante el análisis de Floquet (un método que detecta zonas de inestabilidad) encontraron las condiciones en las que los oscilones realmente se forman y calcularon numéricamente su forma. Resultó que estos objetos pueden vivir bastante tiempo: desde mil hasta decenas de miles de períodos característicos.
Cuando un oscilón desaparece, sacude el espacio-tiempo y genera ondas gravitacionales. Este proceso se denomina «mecanismo poltergeist»: una fuerza invisible deja una huella real. El espectro calculado mostró un pico en una frecuencia de aproximadamente 2,5×10¹⁰ Hz (25 mil millones de oscilaciones por segundo) con una amplitud mil millones de veces más débil que el fondo de radiación cósmica de microondas. Para comparar: es 250 veces más alta que la frecuencia de un microondas común, solo que en lugar de calentar comida, la onda estira y comprime el propio espacio.
Esta señal no viola las restricciones impuestas por la teoría de la nucleosíntesis primordial (la formación de los primeros núcleos), pero si se desplazan ligeramente los parámetros del modelo, la señal podría volverse demasiado intensa. Esto ofrece una herramienta para poner a prueba hipótesis sobre el universo temprano. Si se captara esa ondulación, podríamos oír el eco de aquel primer golpe a la cuerda.
Los oscilones fueron predichos por primera vez en la década de 1970 como soluciones de ecuaciones de campo no lineales, pero su relación con la inflación y las ondas gravitacionales no comenzó a estudiarse activamente hasta la última década.
En la novela «Contacto» de Carl Sagan, la señal extraterrestre contiene un componente de ondas gravitacionales que los científicos terrestres no notan de inmediato, de manera similar a como la señal de los oscilones podría ocultarse en el ruido.