Un agujero negro no es solo una esfera oscura. En la teoría de cuerdas, puede desarrollar 'pelo' — campos escalares adicionales, como el axión y el dilatón. Estos campos modifican suavemente la geometría del espacio alrededor del agujero. Los autores del trabajo tomaron como base la solución clásica para un agujero negro 'calvo' — la llamada solución de Fisher–Janis–Newman–Winicour — y demostraron que todas las variantes 'peludas' posibles se obtienen de ella mediante una simple transformación de simetría. Es como girar una figura en el espacio de cargas: la misma forma, pero desde un nuevo ángulo.
Luego, los físicos comprobaron qué tan robustas son estas soluciones cuando entran en juego las correcciones cuánticas. Compararon dos tipos de correcciones: las debidas a la curvatura del espacio (las llamadas correcciones α') y las debidas a la interacción de cuerdas (correcciones de lazo). Resultó que para campos débiles, las correcciones por curvatura se activan antes. Esto significa que un agujero incluso ligeramente 'peludo' siente los efectos cuánticos con más agudeza que uno completamente calvo. En la región donde el agujero negro es comparable en tamaño a una cuerda excitada, las soluciones 'peludas' siempre tienen mayor curvatura que el agujero clásico de Schwarzschild.
Este resultado es importante para la hipótesis de la correspondencia entre agujeros negros y cuerdas. Resulta que incluso una pequeña 'cabellera' convierte al agujero en un instrumento más sensible para probar la teoría. Lejos de esta correspondencia, con gravedad débil, las soluciones 'peludas' permanecen bajo control y pueden describir campos de cuerdas altamente excitadas — siempre que la interacción de cuerdas también siga siendo débil.
El término 'pelo' para los agujeros negros fue introducido por el físico John Wheeler en la década de 1960, bromeando que 'los agujeros negros no tienen pelo' — es decir, se describen solo por masa, carga y rotación. Pero en teorías con campos adicionales, el pelo sí aparece.