Cuando en una galaxia nacen estrellas, hacen que el hidrógeno brille, como un letrero de neón, pero a escala cósmica. Esa luz podría decirnos mucho sobre cuántas estrellas están apareciendo, pero en su camino hacia nosotros atraviesa polvo cósmico. El polvo es como un vidrio empañado: amortigua y cambia el color del resplandor.
Los astrónomos han recopilado datos de 260 galaxias donde se ve al menos uno de esos 'rayos de hidrógeno'. Para 85 de ellas, lograron comparar dos rayos distintos: las líneas de hidrógeno Hα y Hβ. La diferencia en su brillo indica cuánto polvo hay en el camino. Resulta que el polvo se comporta de manera diferente: a veces es como una neblina ligera, a veces como una cortina densa. Para 14 galaxias donde se ven tres rayos a la vez, los científicos han ajustado unas 'gafas': una fórmula precisa que explica cómo el polvo distorsiona la luz en cada caso.
Estos cálculos serán útiles para el nuevo telescopio espacial SPHEREx, que buscará galaxias mediante rayos de hidrógeno. Sabiendo cómo el polvo oculta la luz, podremos contar estrellas con mayor precisión en los rincones más remotos del universo, y no confundir una galaxia tenue con una pequeña.
El polvo en las galaxias no es suciedad, sino diminutas partículas de carbono y silicio. Una de estas partículas mide menos de una milésima de milímetro, pero juntas pueden atenuar la luz de una galaxia entera decenas de veces.