Dos piedrecitas caen al agua a cierta distancia. Las ondas que generan corren una hacia la otra y en algunos lugares se cancelan: el agua queda lisa, aunque cada piedra por separado habría creado ondas. Algo parecido hace un par de fotones (partículas de luz) nacidos en el mismo cristal y que vuelan en direcciones opuestas.
En el nuevo trabajo, los físicos lograron que ese par creara un 'hueco' no transversal, sino a lo largo del haz, es decir, en la dirección hacia donde vuelan los fotones. Para ello, usaron un haz de bombeo con forma de anillo (un anillo de luz, no un punto relleno) y lo hicieron pasar por un cristal que genera fotones por pares. Uno de los fotones de cada par recorre un camino hasta el detector ligeramente más largo que el otro. Debido a esa diferencia de distancias, acumulan un 'giro' distinto de la onda: la llamada fase (el desplazamiento de las crestas de onda entre sí). Cuando las fases se vuelven opuestas, las ondas se cancelan por completo, y en ese punto no hay luz.
Los autores descubrieron que el 'vórtice' en ese punto muerto tiene un orden estricto: la fase a su alrededor se enrolla un número entero de vueltas. El valor de ese número lo determina la forma del anillo de bombeo. Si el anillo es simple, el giro es simple; si es doble, el giro es doble. Pero lo más interesante: el truco funciona solo cuando los fotones están realmente entrelazados entre sí. Si sus estados se pueden separar, como calcetines en un cajón, no habrá un punto muerto común.
La utilidad práctica está aún en el futuro: estos puntos podrían servir como marcadores ultrasensibles para medir distancias o para codificar información en líneas de comunicación cuántica.
Un efecto parecido se puede ver en los auriculares con cancelación de ruido: el micrófono capta el ruido exterior y el altavoz emite una copia invertida, y en el oído se hace el silencio. Aquí también dos ondas se cancelan entre sí, pero no trabajan con ruido, sino con luz.