Un destello corto de luz se parece a una frase musical: se pueden distinguir notas individuales si se escucha con mucha atención. Pero en el mundo cuántico, esas "notas" —los modos temporales— están comprimidas a picosegundos, y la óptica convencional apenas las distingue. Los científicos han construido un dispositivo que actúa como un filtro musical: deja pasar solo una nota elegida del acorde, sin apagar las demás, simplemente no las deja continuar.
Este filtro, un conmutador de pulsos cuánticos, está hecho de una película ultrafina de niobato de litio, un material que modifica las propiedades de la luz en su interior. Dentro del conmutador viajan un haz de señal débil y un haz de bombeo más potente. Cuando se encuentran en el momento adecuado, nace un tercer haz, a la frecuencia suma, pero solo para la "nota" seleccionada. Todo ocurre en una guía de ondas diminuta, más estrecha que un cabello humano, donde la luz está confinada tan densamente que la interacción se amplifica enormemente.
La precisión en la selección de modos temporales es de alrededor del 97%: la luz que atraviesa el conmutador casi no contiene impurezas de las "notas" vecinas. Esto es crucial para las redes cuánticas, donde cada fotón transporta un bit de información y no se pueden confundir. Antes, conmutadores similares requerían láseres voluminosos y funcionaban solo en rangos estrechos. El nuevo, basado en película delgada, promete ser compacto y flexible, como un microchip.
La película delgada de niobato de litio utilizada en el conmutador tiene un grosor comparable a la centésima parte de un cabello humano, pero es capaz de controlar la luz con más precisión que los voluminosos cristales de años pasados.
En la novela "El ladrón cuántico" de Hannu Rajaniemi, la información se transmite mediante estados cuánticos, y conmutadores como este podrían formar parte de las "redes de espín" que separan recuerdos ajenos.