El núcleo atómico no siempre es redondo, como una bola de billar. Algunos núcleos se alargan con forma de balón de rugby, mientras que otros se vuelven parecidos a una pera, con un extremo más grueso que el otro. Esa deformación en forma de pera (octupolar) es un caso raro e importante: puede revelar detalles sobre la estructura interna de las fuerzas nucleares e incluso ayudar a comprobar por qué en el universo hay más materia que antimateria.
Pero atrapar un núcleo con forma de pera es difícil. Su forma se manifiesta en los espectros, los conjuntos de energías que el núcleo emite o absorbe, pero la señal a menudo se pierde entre otros efectos. Los autores del nuevo trabajo encontraron un camino alternativo. Notaron una regularidad en los espectros de núcleos impares (con número impar de protones o neutrones) que viven junto a núcleos pares con forma de pera. Resulta que el núcleo impar, como un sensible ecolocalizador, refleja la forma de su vecino par: su espectro cambia de manera predecible si cerca hay un núcleo con forma de pera.
Esta relación funciona como una brújula empírica sencilla. No hace falta realizar cálculos complejos para cada candidato: basta con mirar el espectro del núcleo impar y se puede decir si vale la pena buscar deformación en forma de pera en su compañero par. Los autores ya han predicho varios lugares en la tabla de isótopos, especialmente en regiones con exceso de neutrones o déficit de protones, donde aún no se han realizado experimentos. Ahora los físicos tienen un mapa con marcas de “excavar aquí”, lo que acelerará la búsqueda de nuevos núcleos en forma de pera y la verificación de teorías.
La forma de pera del núcleo implica que su centro de masa y su centro de carga no coinciden, como si una peonza tuviera un mango desplazado hacia un lado. Esto crea condiciones para buscar el momento dipolar eléctrico, que podría explicar el misterio de la desaparición de la antimateria.
En la novela “El eco oscuro” de Philip K. Dick, una tecnología alienígena utiliza la asimetría de los núcleos atómicos para crear motores que deforman el espacio, casi como los núcleos en forma de pera que podrían dar la clave para una nueva física.