Una membrana muy tensa, encerrada en un estuche estrecho, decide por sí misma dónde reventar. Así ocurre con la célula: cuando está apretada, el punto de ruptura se desplaza del centro y las dos mitades resultan desiguales. Antes se creía que esa asimetría estaba fijada de antemano por marcadores químicos, pero un nuevo trabajo demuestra que basta con la mecánica.
La corteza celular, una fina capa contráctil bajo la membrana, se modeló como una superficie viscosa cerrada dentro de una envoltura elipsoidal. En las ecuaciones se incluyeron tensiones activas que dependen linealmente de la curvatura, porque la corteza carece de simetría entre arriba y abajo. Se resolvieron numéricamente la dinámica de la forma y del flujo, variando el tamaño de la célula y el grado de confinamiento. Para la verificación se usaron datos tridimensionales publicados de la embriogénesis de C. elegans: ocho embriones sin comprimir y diecisiete comprimidos.
En los experimentos, la asimetría de la división aumentaba de forma estadísticamente significativa al disminuir el volumen de la célula madre (p < 0.001 para las divisiones tardías de la línea germinal). La compresión mecánica del embrión incrementaba la asimetría en promedio un 15% (pendiente de regresión 1.151, R² = 0.917). Esta es la primera verificación cuantitativa de cómo el tamaño y el confinamiento externo desencadenan conjuntamente la inestabilidad de la corteza.
En C. elegans, la línea germinal se divide asimétricamente desde el principio, mientras que las células somáticas inicialmente se dividen casi por igual, pero a medida que su tamaño disminuye también se vuelven asimétricas. Esto se logró reproducir con un solo modelo sin ajustes específicos para cada linaje.