La existencia de los agujeros negros ya fue predicha por Einstein, pero la primera fusión se detectó recién en 2015 con los detectores LIGO; es como escuchar el golpe de dos martillos invisibles gigantes desde mil millones de años luz.
Se asemeja a los remolinos que se fusionan en una bañera: pequeños vórtices se acercan y se unen. Solo que en el espacio, estos «remolinos» de gravedad pura se mueven casi a la velocidad de la luz bajo las leyes de gravedad de Newton, y luego, bajo las distorsiones del espacio-tiempo de Einstein.
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