
Los científicos sospecharon la migración ya en los años 1970, pero el descubrimiento decisivo fue en 1995 del planeta 51 Pegasi b, un júpiter caliente que no pudo haberse formado tan cerca de su estrella. Desde entonces, la migración es una parte clave de las teorías de formación planetaria.
La gravedad del planeta perturba el gas que lo rodea, generando ondas espirales, como la estela de un remo en el agua. Estas ondas le quitan energía al planeta y lo hacen desplazarse hacia dentro o hacia fuera. En un disco viscoso, la planeta deriva junto con el gas, como una astilla arrastrada por la corriente.