
El efecto Doppler para el sonido fue descrito por Christian Doppler en 1842. El astrónomo Vesto Slipher comenzó a medir los desplazamientos de las líneas en los espectros de nebulosas ya en la década de 1910. Pero el paso decisivo lo dio Edwin Hubble en 1929, al descubrir la proporcionalidad entre el corrimiento al rojo y la distancia a las galaxias.
Los átomos emiten luz con longitudes de onda determinadas, como huellas dactilares. Cuando una galaxia se aleja, las crestas de las ondas nos llegan con menos frecuencia, y todo el espectro se desplaza hacia longitudes de onda más largas: hacia el rojo. A partir de la magnitud del desplazamiento se calcula la velocidad de huida. Es similar a un peine con dientes escasos: si la fuente se mueve, los «dientes» del espectro se vuelven aún más espaciados.