En un amplificador superconductor basado en elementos SNAIL (celdas superconductoras asimétricas no lineales), un solitón —una onda estable de forma especial— crea para un campo de prueba débil un análogo al horizonte de eventos de un agujero negro. Los autores derivaron una ecuación donde el solitón actúa como un potencial efectivo y, usando mecánica cuántica supersimétrica, demostraron la ausencia de modos inestables (negativos). Por primera vez se estudiaron los modos cuasinormales de este sistema: se determinó su frecuencia y tiempo de decaimiento, lo cual es clave para entender la dinámica de los análogos de agujeros negros y blancos.
Los agujeros negros de laboratorio, hechos de circuitos superconductores, no son un truco, sino un intento de atrapar por la cola los efectos más escurridizos. Esos que la astrofísica apenas distingue por sombras borrosas en los telescopios. La idea de Hawking y Penrose cobra vida en resonadores de microondas: los solitones en las líneas de transmisión curvan el espacio-tiempo para las señales de prueba y crean horizontes que no dejan escapar la luz. Y cuando dos solitones se cierran, nace un agujero negro-blanco, un puente entre universos en una placa de circuito. Solo falta pincharlo con una señal y escuchar la respuesta.
En lugar del tañido esperado, un apagado sordo. Las singularidades en miniatura no zumban como una campana, sino que se hunden, como un cuenco tibetano sumergido en miel espesa. El golpe no provoca oscilaciones, solo una caída puramente disipativa. El modo cuasinormal fundamental resulta ser estrictamente imaginario. Los físicos llaman a esto «rugido silencioso»: la frecuencia imaginaria significa que la perturbación se amortigua sin haber completado una sola oscilación. En los agujeros negros astrofísicos, los modos cuasinormales siempre llevan un «chirrido» — la parte real. Aquí hay silencio absoluto, como si el horizonte insistiera en que dentro no hay tiempo ni espacio, solo una caída inexorable.
El secreto está en el potencial con forma de volcán V(η_*), que crece entre los horizontes en las coordenadas «tortuga» de Schwarzschild. Aquí el espacio se dilata de tal modo que la velocidad de la señal cae a cero. La ecuación de Schrödinger para las perturbaciones — -d²H/dη_*² + V H = ε² Ω² H — prepara el escenario. Mientras el potencial no sea nulo en los horizontes, el sistema no oscila, sino que amortigua cualquier onda. La estabilidad se demuestra con una elegante S-deformación de la mecánica cuántica supersimétrica: el potencial se factoriza en W² + dW/dη, y el operador crea y destruye no modos, sino la certeza misma de su amortiguamiento.
El resultado práctico es asombroso: en los amplificadores TWPA superconductores basados en elementos SNAIL, no solo se puede simular, sino literalmente escuchar este amortiguamiento — de 3 a 5 ciclos, hasta que la dispersión no lineal emborrona el cuadro. La frecuencia fundamental |Im Ω| ≈ 0.70 v₀/w_phys para una velocidad típica del solitón del 30% de la de la luz es tentadoramente accesible para mediciones directas. Así, los circuitos superconductores se convierten en un campo de pruebas para lo más esquivo: la evaporación cuántica de horizontes. Los agujeros negro-blancos, agujeros de gusano microscópicos, pueden estabilizarse precisamente mediante estos modos disipativos. En perspectiva: «láseres de agujeros negros», donde la inversión de población produce radiación coherente, y experimentos de corrimiento al rojo en espacio curvo directamente en el chip. Sin telescopios: solo helio líquido, un criostato y paciencia.
El panorama global también se transforma. Si los sistemas analógicos reproducen con tanta fidelidad los modos cuasinormales, futuras simulaciones numéricas — quizás con ordenadores cuánticos — permitirán ahondar hasta el fondo: ¿cómo se quema la información en las cenizas de la radiación de Hawking? Los teóricos tendrán que abordar las fluctuaciones cuánticas cerca del horizonte, donde la no linealidad ya no está suprimida. Los experimentos con sistemas SNAIL están a punto de empezar. Así, la física de altas energías desciende del cielo al criostato, y la ciencia ficción recibe el plano de un agujero de gusano hecho por el hombre.
🎯 SNAIL son las siglas de Superconducting Nonlinear Asymmetric Inductive eLement, pero en inglés 'snail' significa «caracol». Así que aquí las microondas rápidas literalmente 'se ralentizan a paso de tortuga' en coordenadas tortuga.
🎬 Como en la película «Interstellar», los agujeros negro-blancos conectan regiones distantes del espacio-tiempo, solo que ahora pueden estudiarse no desde una nave espacial, sino dentro de un chip del tamaño de una uña.