Los científicos propusieron un modelo en el que nuestro Universo, en sus etapas tardías, absorbe universos «bebés». Esto permite explicar la expansión acelerada observada sin necesidad de introducir una constante cosmológica (la misteriosa energía oscura). En este modelo, el parámetro de la ecuación de estado w(z) (que describe la naturaleza de la energía oscura) depende del corrimiento al rojo y se vuelve menor que −1 para valores grandes de z. Esto se asemeja al efecto dominó: la absorción de universos pequeños impulsa el crecimiento del grande. Si el modelo es correcto, la energía oscura no es una constante, sino que evoluciona.
La cosmología está viviendo tiempos extraños. Por un lado, el modelo estándar con materia oscura y energía oscura describe de forma excelente la estructura a gran escala. Por el otro, está crujiendo por las costuras. Las mediciones locales de la velocidad de expansión mediante supernovas (grupo de Adam Riess) arrojan H₀ ≈ 72.6 km/s/Mpc, mientras que la radiación de fondo de microondas insiste en 67. Esta «tensión de Hubble» no es una mera discrepancia numérica, sino una grieta abierta en los cimientos. Los últimos datos del sondeo DESI echan leña al fuego: la ecuación de estado de la energía oscura w parece cambiar con el corrimiento al rojo z y se sumerge por debajo de –1 en el pasado. La eterna e inmutable constante cosmológica Λ empieza a parecer un cuento ingenuo.
Y entonces entra en escena la imagen del universo devorador. Imaginen el cosmos no como una burbuja que crece pasivamente, sino como un depredador eternamente hambriento en el ecosistema del multiverso. No crece desde dentro, sino desde fuera: devora incontables «universos bebés», diminutos mundos cerrados que la espuma cuántica produce en un flujo continuo. Este acto de canibalismo cósmico es lo que llamamos energía oscura. En la base del modelo está la ecuación de Friedmann generalizada, donde a la derecha aparece un término con la función f(p) que describe la absorción:
Aquí ρ_f es la densidad efectiva originada por la fusión de mundos. Sin ninguna Λ. La expansión se acelera porque el universo está continuamente agregando carne ajena. La constante de acoplamiento g, calibrada a partir del H₀ local, determina el apetito de nuestro Leviatán cósmico.
¿Qué produce esta dieta exótica? La solución numérica muestra que el parámetro efectivo w_f(z) cae monótonamente desde –1.5 a z altas hasta –1 en el futuro. La forma de la curva es sorprendentemente cercana a la reconstruida a partir de los datos de DESI. El modelo funciona especialmente bien para z > 0.8, donde w se vuelve notablemente menor que –1, justo lo que sugieren las observaciones. Es cierto que a z bajas las predicciones se desvían de la realidad; se requiere un ajuste fino, posiblemente mediante la inclusión de correcciones topológicas en la línea de la constante de acoplamiento de cuerdas G_s. Pero la coincidencia en la forma no es casualidad, sino una pista de una conexión profunda entre el nacimiento cuántico de mundos y el destino del cosmos.
Esta imagen da un vuelco a la concepción de la energía oscura. Deja de ser una constante fundamental o una propiedad del vacío: es un efecto colectivo de la interacción con el multiverso. El problema de la constante cosmológica se resuelve de forma natural: la densidad observada de energía oscura es pequeña no porque Λ esté finamente ajustada, sino porque la intensidad de absorción g está determinada por procesos de gravedad cuántica como los descritos por la teoría de cuerdas o la gravedad cuántica. Nuestro universo no es una isla aislada, sino un nodo en una red de mundos que se devoran mutuamente. Y su expansión no es la respiración mesurada del vacío, sino el rugido depredador de una bestia saciada. Tal vez algún día los instrumentos más sensibles logren captar en el espectro de la radiación de fondo el eco de estos festines cósmicos.
Por delante queda el refinamiento del modelo incluyendo la materia en el cálculo de la función de onda, la derivación de g a partir de primeros principios y el análisis conjunto con oscilaciones acústicas de bariones. Las futuras misiones Euclid y el telescopio Roman proporcionarán nuevos datos que reforzarán esta audaz hipótesis o nos obligarán a buscar otros caminos. Pero ya está claro: la clave para la teoría del Big Bang y la expansión acelerada quizás no esté dentro, sino fuera, en cómo nuestro mundo interactúa con los vecinos. Y esto cambia para siempre la teoría de la gravedad y nuestra soledad cósmica, porque ahora tenemos vecinos invisibles a los que devoramos cada segundo.
🎯 Si el modelo es correcto, cada segundo nuestro universo devora una cantidad inimaginable de universos bebés, y es precisamente este «almuerzo» continuo lo que lo hace expandirse cada vez más rápido.
🎬 La trama recuerda a la novela de Isaac Asimov «Los propios dioses», donde el contacto con un parauniverso cambia gradualmente las leyes físicas, aunque allí conduce a una catástrofe, y aquí a una expansión acelerada.