
Los remanentes de supernova se observan desde la antigüedad: la Nebulosa del Cangrejo es el resultado de una explosión registrada por astrónomos chinos en 1054. En el siglo XX, Fritz Zwicky y Walter Baade los relacionaron con las estrellas de neutrones.
La onda de choque empuja la materia a velocidades de miles de kilómetros por segundo, barriendo el gas interestelar. Las colisiones calientan el gas a millones de grados, haciéndolo brillar en rayos X; más o menos como la estela de un avión supersónico se convierte en una nube, pero mucho más caliente.
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