
La idea surgió poco después de la creación de la relatividad general: en 1916, Ludwig Flamm encontró en las ecuaciones de Einstein algo parecido a un túnel. Más tarde, Einstein y Rosen describieron un «puente», y el nombre «agujero de gusano» lo dio el físico John Wheeler en 1957.
Imagínese un mundo bidimensional como una hoja de papel. Al curvarlo, se puede hacer un agujero y unir dos puntos lejanos con un corto tubo: así es como un agujero de gusano crea un túnel en el espacio-tiempo. Para que las paredes del túnel no colapsen, se necesita materia exótica con presión negativa (repulsiva, no atractiva).