
La idea surgió de las transformaciones de Lorentz (finales del siglo XIX), y en 1905 Albert Einstein la dedujo del postulado de la constancia de la velocidad de la luz en el marco de la relatividad especial.
La relatividad especial afirma que la velocidad de la luz es la misma para todos los observadores. Si una nave espacial se mueve a gran velocidad, sus señales luminosas siguen alejándose a 300 000 km/s. Para que esto se cumpla, desde el punto de vista de un observador externo el tiempo en la nave se estira: cada tic-tac del reloj parece más largo. La dilatación gravitacional: un cuerpo masivo curva el espacio-tiempo (la arena unificada de tres dimensiones espaciales y el tiempo), y los relojes cercanos a él van más lentos, como si la gravedad frenara el tiempo mismo.