Utilizando un microscopio de efecto túnel (STM), los investigadores pudieron determinar con precisión dónde se concentran los electrones de la banda de valencia en la celda unitaria del cristal de diseleniuro de tungsteno (WSe2). Resultó que el máximo de densidad electrónica en el punto K de la zona de Brillouin se encuentra entre los átomos, mientras que en el punto Γ está directamente sobre los átomos. Esto significa que el centro de Wannier (la posición promedio de los electrones en el cristal) está desplazado respecto a los átomos, y el material es un aislante topológicamente obstruido. Como una cinta de Moebius, su estructura electrónica no puede transformarse suavemente en una trivial: lo impide una prohibición topológica.
Normalmente, los electrones en los cristales, como la miel en un panal, se agrupan alrededor de los átomos. Pero en el diseleniuro de tungsteno, un material en capas parecido a un panal de carbono, el panorama es distinto. Los físicos aplicaron la espectroscopía, un método que, como una sonda ultrasensible, palpa las nubes electrónicas. Para marcar las posiciones de los átomos, añadieron algunos átomos «extraños» a la red cristalina y luego midieron dónde se sienten más «cómodos» los electrones a distintas energías.
Resultó que a bajas energías los electrones se apiñan no sobre los átomos, sino en los huecos entre ellos, como si la miel se hubiera salido de las celdas. A una energía ligeramente mayor, por el contrario, regresan a los átomos. Además, la transición ocurre bruscamente, como el clic de un interruptor, y no como un flujo suave.
No es solo un fenómeno curioso. Los estados enrollados de los electrones son resistentes a las perturbaciones, lo que abre el camino a ordenadores cuánticos fiables.
🎯 Lo más sorprendente: los electrones pasan de los átomos a los huecos no gradualmente, sino de golpe, como un interruptor que cambia entre dos realidades.