Los autores descubrieron que en un espacio periódico (por ejemplo, cerrado como un toro) el momento angular orbital tiene dos componentes: un espectro entero estándar y una zona continua que surge de regiones 'de borde' con respecto al centro de rotación. Esta parte continua incluye valores semienteros e irracionales, que antes se consideraban imposibles para el momento orbital. El efecto no depende del tamaño del espacio y, aunque es difícil de detectar a escalas de laboratorio, podría manifestarse en el fondo cósmico de microondas. Así como el borde de un acantilado genera un eco, los bordes de un universo periódico pueden dejar su huella.
El momento angular orbital — la característica de la rotación de un cuerpo alrededor de un punto — en física cuántica suele manifestarse de forma discreta: es como subir una escalera donde cada peldaño es un número entero. Esta regla se consideraba inamovible. Pero si el espacio tiene fronteras periódicas, cerrándose sobre sí mismo como la superficie de un donut, la escalera se convierte en una rampa suave. En ella, la rotación puede tomar cualquier valor — desde fracciones hasta números irracionales como √2.
Curiosamente, el efecto no depende del tamaño: incluso a escala de todo el Universo, la rotación puede perder su rigidez cuántica. En el laboratorio aún no se puede detectar, pero sus huellas podrían aparecer en la radiación de fondo — la luz antigua posterior al Big Bang. Si se encuentran, confirmaría la estructura no trivial de nuestro espacio-tiempo.
🎯 Durante mucho tiempo, los físicos creyeron que el momento orbital solo podía ser entero, y que los valores semienteros eran exclusivos del espín, la rotación intrínseca de las partículas. El nuevo hallazgo muestra que las fronteras del espacio pueden mezclar estas propiedades.