Las complejas interacciones de los vórtices, observadas en la atmósfera y el plasma, son difíciles de modelar debido a los costos computacionales. En este trabajo se propone un método cuántico que traslada las ecuaciones de Navier-Stokes (que describen el movimiento de fluidos) al formalismo de la mecánica cuántica. Se ha creado un esquema de evolución temporal del sistema y se ha implementado en un procesador cuántico superconductor de 8 cúbits, lo que permitió reproducir el comportamiento natural de los vórtices. Este puente entre la hidrodinámica clásica y la computación cuántica abre nuevas posibilidades para el estudio de la turbulencia.
Los remolinos en el café de la mañana, los huracanes y los discos de gas de los agujeros negros obedecen las mismas leyes del movimiento de fluidos. Su danza —fusiones, rupturas, giros— es demasiado compleja para las computadoras convencionales, que deben calcular cada paso. Pero los chips cuánticos, cuyos cúbits existen en una incertidumbre ondulatoria, parecen nacidos para estas tareas: sus matemáticas son sorprendentemente cercanas a la hidrodinámica. Ya en la década de 1980, Richard Feynman soñaba con simulaciones cuánticas, y ahora los científicos han materializado esa idea para los vórtices. Tradujeron las ecuaciones de los fluidos en una partitura para cúbits. Al ejecutar el programa en un chip superconductor de ocho cúbits, representaron una danza virtual de vórtices, y estos se movían como reales. El secreto de la velocidad es que el chip cuántico no prueba opciones una a una, sino que está simultáneamente en una superposición de todos los posibles patrones vorticiales, como un bailarín que capta la coreografía al instante. Así, el enfoque cuántico doma la turbulencia, un antiguo enigma que se manifiesta en todas partes: desde los fluidos hasta los discos de acreción alrededor de los agujeros negros. Tal vez pronto podamos predecir el clima o diseñar aviones perfectos con solo aprender el baile de los vórtices en un chip cuántico.
🎯 La supercomputadora más potente tarda semanas en simular unos minutos de turbulencia intensa. Un chip cuántico quizás lo logre en cuestión de horas.