En física cuántica, el calor normalmente dificulta la creación de estados entrelazados, esa conexión especial entre partículas. Los autores proponen un nuevo enfoque: utilizando un entorno disipativo (un medio que dispersa energía) con correlaciones de largo alcance, se puede llevar el sistema a un entrelazamiento estacionario sin control externo. El secreto está en la violación de una ley de conservación durante el intercambio con el entorno: el sistema experimenta flujos de calor que compiten, como si estuviera en contacto con dos termostatos diferentes. Como ejemplo, se estudian dos defectos en un diamante conectados a través de un medio magnetizado. Este descubrimiento señala un nuevo mecanismo para crear enlaces cuánticos que no requiere configuraciones complejas.
Normalmente, el calor es un estorbo para los efectos cuánticos. Destruye las frágiles conexiones, como una multitud donde cada uno empuja hacia su propio lado. Pero los investigadores mostraron: en los defectos del diamante, el calentamiento puede, por el contrario, unir partículas en una sola alianza cuántica. En el diamante, en el lugar de un átomo de carbono, a veces surgen pequeñas imperfecciones — en la red de carbono aparecen pares «nitrógeno-vacancia». Estos defectos se comportan como imanes en miniatura y emiten una tenue luz, lo que permite observarlos mediante espectroscopía. Normalmente el calor los hace vibrar desordenadamente, pero si se rompe el equilibrio de intercambio de energía, el entorno comienza a actuar como una multitud con reglas no uniformes. Surgen varios flujos competidores de entropía — como si algunas personas siempre giraran a la izquierda, creando una corriente estable. Si el entorno también posee conexiones de largo alcance (por ejemplo, ondas de espín en un material magnetizado), los defectos se sincronizan por sí solos, sin control externo. Nace el entrelazamiento — un estado en el que las propiedades de dos objetos están inseparablemente vinculadas, como los movimientos de dos bailarines que siguen un mismo ritmo.
Este método no requiere láseres complejos ni temperaturas ultrafrías. El entrelazamiento surge en el proceso de disipación de energía, incluso en condiciones bastante normales — por ejemplo, a la temperatura del nitrógeno líquido, o incluso más alta. Esto abre el camino hacia la creación de dispositivos cuánticos simples, donde el orden nace del desorden.
🎯 Los centros nitrógeno-vacancia en el diamante son tan sensibles a los campos magnéticos que pueden detectar el campo de un solo electrón a decenas de nanómetros de distancia.
🎬 En un futuro fantástico, las redes cuánticas podrían entrelazarse solas, simplemente calentándose al sol.