Al medir el ruido de disparo (consecuencia de la cuantización de la carga) en estructuras superconductor/aislante/ferromagnético (V/MgO/Fe), los autores registraron un aumento gigantesco, órdenes de magnitud por encima de lo calculado. La causa es un efecto de proximidad inusual: el superconductor influye en las capas vecinas y, debido al acoplamiento espín-órbita (interacción del espín con el movimiento), surge allí superconductividad triplete, radicalmente diferente a la original. Es como si una sola palabra pudiera cambiar por completo el sentido de una frase. Este ruido intensificado solo se había visto antes en contactos entre dos superconductores, pero no en uno solo: el descubrimiento obliga a reconsiderar el papel de los efectos espín-órbita.
El ruido eléctrico normal es como un débil siseo en los auriculares. Es el ruido de disparo de los electrones que pasan a través de un contacto. Pero en el experimento con el sándwich de vanadio superconductor, aislante MgO y hierro magnético, este ruido rugió, haciéndose cientos de veces más fuerte.
El secreto está en el efecto de proximidad: el superconductor «contagia» a las capas vecinas su capacidad de conducir corriente sin resistencia. La superconductividad convencional fue explicada por John Bardeen, y Leo Esaki estudió los efectos túnel. Normalmente, los electrones en un superconductor forman pares con espines opuestos, como dos bailarines girando en sentidos contrarios. Pero en este sándwich, los espines se alinearon en la misma dirección, como si ambos giraran hacia la derecha. Esto es superconductividad triplete. Fue ella la que permitió que la corriente fluyera sin obstáculos a través del hierro magnético, generando el ruido gigante.
Este descubrimiento cambia la física de las estructuras en capas y abre el camino a la espintrónica: la electrónica que utiliza el espín del electrón en lugar de la carga.
🎯 El hierro, normalmente un imán, en esta estructura se convierte temporalmente en superconductor: por él fluye corriente sin resistencia.