Los investigadores han desarrollado una red cuántica programable a partir de conjuntos de átomos, donde los estados internos actúan como relojes ultrasensibles. Mediante estados entrelazados a través de canales de luz, se generan superposiciones masivas que responden al corrimiento al rojo gravitacional. Es como un microscopio distribuido para la gravedad: detecta cómo el propio tiempo se ralentiza en diferentes puntos del campo. El resultado es un interferómetro de Ramsey no local, que abre el camino para probar efectos cuántico-gravitacionales en el laboratorio.
La red cuántica se parece a una telaraña: cada átomo es un nudo, y el entrelazamiento los une en un solo tejido. El más mínimo desplazamiento gravitatorio hace temblar todo el tejido, y por el patrón del temblor se puede inferir la influencia invisible. Los átomos en la red también funcionan como relojes ultraprecisos: 'hacen tictac', absorbiendo y emitiendo luz en frecuencias estrictamente definidas — esta es la esencia de la espectroscopía. Einstein demostró que el tiempo se ralentiza donde el espacio-tiempo está más curvado. Por eso, los relojes en la parte superior van un poco más rápido que los de abajo. La red capta esta diferencia en variaciones microscópicas de altitud. El control de toda la red es colectivo, sin necesidad de manipular cada átomo. Esta flexibilidad es necesaria para verificar las ideas de Roger Penrose sobre la gravedad cuántica.
🎯 Sube un reloj atómico un centímetro hacia arriba y se adelantará una milmillonésima de porcentaje. Es la gravedad robando el tiempo abajo.
🎬 Referencia a la ciencia ficción: en la novela de Liu Cixin 'El recuerdo del pasado de la Tierra', el entrelazamiento cuántico sirve para la comunicación instantánea; un principio similar opera en esta red.