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En la retina de las aves, la proteína criptocromo convierte la luz y el campo magnético en una señal eléctrica, permitiendo ver la dirección.
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El ojo de un ave esconde una brújula: no una aguja, sino una proteína que convierte el campo magnético en electricidad. Este descubrimiento permitirá crear sensores diminutos para navegar sin GPS.
🎯 Esta misma proteína también está en los ojos humanos, pero en nosotros solo ajusta el reloj biológico y no percibimos el campo magnético.