Incluso con la cámara espacial más pequeña, del tamaño de una moneda, se ha logrado 'cazar' planetas lejanos. Es como distinguir la sombra de una mosca contra la luz de una farola a varias manzanas de distancia. Este tipo de observaciones ayudan a buscar mundos que los grandes telescopios pasan por alto. ¿Qué más podremos atisbar a través del ojo de una aguja?
La lente de la cámara — no más grande que una moneda de cinco rublos. De las que se ponen en los teléfonos inteligentes, pero esta iba instalada en la sonda Hayabusa2 para aterrizar en un asteroide. Sin embargo, los científicos le pidieron que mirara a lo lejos — y esta miniatura aplicó por primera vez el método de tránsito (observar cómo un planeta, al pasar por delante de su estrella, reduce ligeramente su brillo) para detectar exoplanetas — planetas de otros soles.
La cámara registró las sombras de dos gigantes gaseosos al rojo vivo. Sus tránsitos provocaban una caída de brillo de apenas unas décimas de porcentaje — como si una mosca voladora atenuara por un instante la luz de una lámpara de araña. Repitiendo muchas veces las observaciones de los eclipses, los astrónomos acumularon las señales y realizaron una fotometría precisa (medición del brillo). Hubo que corregir el período orbital de uno de los planetas, pues la discrepancia con los datos anteriores resultó demasiado grande para ser casual.
Este éxito significa que para buscar mundos no es necesario construir gigantes. A veces basta con una camarita. Lo más sorprendente es que el instrumento no se preparó para astronomía, sino para navegación durante el aterrizaje en el asteroide Ryugu. Ahora, las herramientas en miniatura pueden abrir la vía para buscar planetas de largo período, que los grandes rastreos dejan pasar.
🎯 La cámara ONC-T fue diseñada originalmente para navegar durante el aterrizaje en el asteroide Ryugu, y ahora ha registrado un récord astronómico.